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EL AMOR
E N T R E L A S O L A S
Existen todo tipo de historias de amor... Ésta, está llena de aventuras, es de esas que asombran y te hacen sentir parte de una película...
Es la historia de Carlos Camero y su esposa Carolina Martínez, dos personas que se atrevieron a comenzar su familia y su negocio en una isla colombiana alejada de las ciudades mayormente pobladas.
La verdadera historia comienza cuando un uruguayo se enamora de una hermosa colombiana en las Islas del Rosario, desde el inicio sus vidas se han unido gracias al mundo marítimo. El destino les tenía los caminos preparados para encontrarse, ya que Carlos iba para Barranquilla, pero su viaje no salió como él esperaba, y terminó en Caño Ratón, y fue ahí cuando observó por primera vez a una mujer de dos trenzas largas comiendo en el restaurante en el que él estaba buscando trabajo y donde ella ya llevaba un tiempo trabajando, debido a que era una estudiante de Bellas Artes que su familia no comprendía y que decidió irse a conocer Colombia, en un acto de rebeldía.
Después de ese encuentro fueron largas pláticas acerca de temas que ambos tenían en común, y desde ese entonces nunca fueron capaces de separarse, incluso en ese primer día estos aventureros decidieron vivir juntos. Su amor seguía creciendo con el paso de los días, y ambos ya cansados del trabajo en el restaurante que los unió, tomaron una decisión que cambió su futuro...
En ese entonces los trabajadores de este sector mencionaban frecuentemente que iban para el Islote, por lo cual ambos se preguntaban a qué se referían con esto. En muchas ocasiones les decían que era un pueblito donde las personas eran muy unidas y la vida era llena de felicidad, y fue ahí cuando Carlos le dice a Carolina que ese es su lugar... Renunciaron y con su liquidación compraron una pequeña lancha y sin tener gran conocimiento sobre como navegar, de igual forma zarparon y llegaron casi náufragos a Tolú- Sucre, y desde ahí preguntaron e insistieron y por fin lograron llegar a ese maravilloso mundo.
Esta pareja de culturas tan diferentes llega a un lugar completamente desconocido para ellos, incluso donde ni siquiera sabían si habría un lugar para poder descansar plácidamente. Y es así como llegan a Tintipán, una isla llena de mangle, naturaleza y sobre todo muchas especies marítimas, pero con solo una pequeña casa con dos habitaciones habitada por un hombre que la cuidaba.
El espíritu aventurero de ambos hizo que hicieran contacto con este señor, llamado Don Augusto, para poder convencerlo de recibirlos por lo menos un tiempo, y es así como comienza una nueva vida para ellos, ya que el hombre no sabía cocinar y ni siquiera pescar, solamente se alimentaba con galletas y arepas, y fue ahí que estos vieron una oportunidad de hacer un trato con él, ya que por el contrario Carlos y Carolina sabían hacer todas estas cosas y además serían una buena compañía para las largas noches de oscuridad y soledad.
Con el paso de los años y luego de muchas travesías e inconvenientes, compran una parte de terreno donde su familia empieza a crecer luego de tener dos hijos, y es ahí cuando comienza la construcción de su casa y con el paso de los años la construcción del primer hotel de la isla llamado Punta Norte, que en la actualidad es uno de los más privilegiados gracias a su ubicación y a su poca cantidad de moscos y zancudos.
Esta pareja y su familia son la prueba más grande de cómo pueden existir nuevas formas de vida y sustentos en lugares donde el agua es el centro de cualquier actividad, a lo largo de los años han creado una relación con este importante elemento que se convirtió en parte de ellos, de su trabajo y de su rutina, donde en un día inesperado se convirtieron en parte de una gran familia isleña y se olvidaron por completo del estrés de la ciudad.
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Historia narrada por su hija Juana Camero:
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