
¿Es un habitante un nativo?, ¿Es un nativo un habitante?
Bienvenidos a:
NATIVOSY
HABITANTES
:
confluencias de costumbres, relaciones y divisiones
Ambos conceptos han cambiado con el tiempo, no es preciso separarlos completamente pues uno lleva partes del otro, fragmentos y similitudes. Pero, también se carga con lo que los diferencia, lo polémico y lo que los divide…
Los nativos en Tintipán no son únicamente quienes nacen en la isla en particular, sino los que nacieron en el archipiélago de San Bernardo en general, son aquellos de familias isleñas aledañas que han hecho su vida en alguna de estas y han permanecido con el tiempo en sus espacios haciendo honor a los estilos de vida y a la tradición del lugar, incluso se consideran nativos aquellos que nacieron en otras partes de la costa colombiana, pero llevan la mayor parte de su vida en esa zona.
Ellos contagian felicidad, ritmo, historia, cultura, fiesta y la inagotable amabilidad que los caracteriza.
Con los habitantes funciona de una manera diferente, los habitantes de Tintipán son aquellas personas que, de alguna u otra forma, por un amor, un miedo y/o una pasión llegaron a la isla y decidieron hacer sus vidas allí, sin tener una historia genealógica que permita justificar la conexión con el lugar. Los habitantes en su mayoría, reconocen y valoran la riqueza de Tintipán, desean preservarla, llevan acciones necesarias para una sana convivencia no solo con los demás seres humanos, sino con la naturaleza en su máximo esplendor.
Ellos están hechos de historias, de una visión del mundo diferente, son analíticos, críticos, negociantes y muy simpáticos.
Por ejemplo, según las historias atrapadas en Tintipán, cuando los nativos pescaban con dinamita, hace varios años atrás, algunos habitantes (provenientes de otras ciudades de Colombia e incluso de otros países) los instruyeron para encontrar alternativas y pescar de una forma menos agresiva para el océano y sus especies, sin embargo, aún más de 30 años después, las cicatrices en los corales permanecen y la recuperación ha sido muy lenta…
En consecuencia, el nativo se ha transformado también por el habitante, y él es también un habitante de la isla y el archipiélago, ha sido receptivo a los consejos y las practicas negativas han podido reemplazarse poco a poco. Y, aunque esta influencia pueda modificar algunas herencias comportamentales, han sido en pro de la naturaleza y los animales en su mayoría.
Asimismo, el habitante adopta el estilo de vida del nativo, hace del mar y sus actividades una rutina, comparten el mismo entorno, medio de transporte, paisaje sonoro, y por supuesto, se deja envolver por la cocina: la arepa de huevo, el arroz con coco, los frutos de mar son ahora esenciales en su mesa.
Se fusionan al convivir en un gran espacio y, aunque su historia es diferente, su presente los une.
Históricamente ambos han compartido información valiosa, aprenden los unos de los otros, han vivido momentos agradables y confrontantes, han logrado objetivos juntos y han fortalecido vínculos gracias a esa “confluencia”: ambos están impulsados por el agua, y se unen para formar algo en común: una sociedad, un grupo de personas libres, capaces, constantes, trabajadoras y sumergidas en expresiones artísticas y culturales propias.
Los nativos y los habitantes dejan de ser dos corrientes diferentes para navegar en un mismo cauce, logran estar en medio de la diferencia e intentan comprenderse los unos a los otros para vivir en paz.