top of page
DATOS (3)_edited.jpg
DATOS (3)_edited_edited.jpg

LA ISLA
DE LOS

MANGLARES

En el principio solo existía oscuridad. Una nebulosa que de habitable tenía absolutamente nada. Sin tiempo, sin espacio, sin vida. Del medio del mismo vacío un estruendo surgió de pronto, un tridente lleno de luz rompiendo la oscura inmensidad. Nace una diosa, nace la vida.

Y la diosa ocupó más de la mitad del espacio creado. Su nombre de cuatro letras era tan simple como fuerte, se llamó Agua. La diosa en su grandeza se hizo mar, se hizo río, se hizo lluvia.

Cuánta inmensidad tenía Agua que, en aquel principio, se esparció por gran superficie de todo lo creado dando vida a su paso. Corría libre y tranquila, fuerte y poderosa y de repente, sin pensarlo... encontró a su amor.

Un opuesto fue el foco de su atención: un rinconcito de tierra firme en el departamento de Bolívar, 213.3 km2 para ser más exactos, atrajeron la mirada fija de la diosa. Embelesada por la belleza de aquellas tierras, cuyo nombre conoció como el archipiélago de San Bernardo, decidió permanecer allí definitivamente. Su apariencia se hizo cristalina, su gusto salado. Y el dios Sol observó desde lo alto, bañando con sus rayos y calor la fusión, bendijo la unión.

De allí nacieron varias hijas: las islas Boquerón, Palma, Panda, Mangle, Ceycén, Cabruna, Maravilla, Múcura y Tintipán. Con el tiempo adoptaron uno más llamada Santa Cruz del Islote.

DATOS (3)_edited.jpg
DATOS (3)_edited_edited.jpg

Las islas crecieron y cada una se formó a su manera, dando lo mejor de sí mismas a los seres que llegaron a habitarlas, tanto a nativos como a foráneos. De entre los frutos de Agua y el archipiélago de San Bernardo, Tintipán fue la isla más grande. Su nombre cuyo origen sigue siendo un misterio para sus habitantes, podría significar “Tierra de langosta” según el Quechua; otros mencionan que su nombre proviene de un cacique de los indios zenúes o que se refiere a la práctica para matar el jején, conocido como mosca de arena. Aun así, su nombre sonoro a nadie se le ha olvidado jamás.

De las 10 islas, Tintipán fue la menos poblada. No fue por rechazo que los pobladores que han llegado a habitarla, hayan sido en menor cantidad con relación a los pobladores que llegaron a sus hermanas, las demás islas. Al contrario, Tintipán fue bendecida con un regalo especial: los manglares.

El ecosistema de los manglares que hacen única a Tintipán, está conformado principalmente por seres magníficos como los árboles mangles y la diosa Agua. Las raíces de los mangles crecen largas entrelazándose unas con otras bajo el agua misma, creando una especie de red casi impenetrable, convirtiéndose así en el hogar de muchas especies de peces y otros animales.

El regalo de los manglares hace que esta isla no cuente con mucho terreno sólido, lo que no permite la construcción de viviendas a gran escala y de ahí, sus pocos habitantes. Allí comenzó a reinar la tranquilidad y el silencio.


 

DATOS (3)_edited.jpg
DATOS (3)_edited_edited.jpg

Con el paso del tiempo, la isla descubrió dificultades en sí misma. A pesar de ser la isla de los manglares, un ecosistema que es único y a su vez tan diverso, los habitantes de Tintipán vieron la necesidad de buscar en poblaciones cercanas algunos elementos para el sustento de la vida en la isla. Bienes y servicios provienen de Tolú. Alimentos procesados de Sincelejo o Cartagena.

Por otro lado, al ser hija de la diosa Agua, su geografía la ubica en un lugar con una cantidad importante de aguas estancadas, pantanos y ciénagas. Sus condiciones la hacen altamente atractiva para la proliferación de seres no tan agradables como los mosquitos y el jején, la famosa mosca de arena.
Con todo esto, los pobladores empezaron a sentir temor del mar en las zonas aledañas a su isla. Temor de los insectos. Temor de no poder sobrevivir en la isla más grande, siendo ellos tan pocos. Temor de no obtener su propio sustento.
Pero el archipiélago de San Bernardo y su amada Agua, quienes ya eran uno solo en sí, transmitieron a los pobladores de Tintipan su fuerza y valentía. La diosa Agua rodeó a la isla de belleza, siendo mar cristalino que se mezcla con suave arena y los habitantes vencieron sus temores, haciendo del mar su principal aliado y compañero.

DATOS (3)_edited_edited.jpg
DATOS (3)_edited.jpg

Al contrario de lo que podría pensarse, la baja población de Tintipán ha permitido que la isla se conserve más y abra paso para que sea el hogar de otras especies animales y vegetales. La contaminación de toda clase es mucho menor que en las demás islas hijas del archipiélago. Sus pobladores reconocieron a Agua como su diosa.  Ella les facilitó los caminos y descubrieron que era el mar su gran bendición

Fue así como adolescentes y mujeres se lanzaron a remar en canoas de madera entre Tintipán y su isla hermana, Santa Cruz del Islote, en trayectos cortos para transportar víveres, llevar mensajes, visitar a sus muertos en el cementerio, trabajar en playas turísticas o recoger agua de los pozos de agua lluvia.

El mar abierto y sus profundidades crearon estrechos lazos con los pobladores. La pesca es fuente de recursos, así como el hogar de muchas especies marinas. Su vínculo con el mar les ha permitido conocer y asociar diferentes factores como el viento, la luz o la brisa para saber cuándo es propicio pescar. La diosa Agua en su relación con los pobladores de Tintipán no sólo se hizo mar, también se hizo agua lluvia. Los habitantes aprendieron a recogerla en cisternas que se instalan en sus casas para su diario vivir.

Y los nativos no fueron los únicos que hicieron parte de la comunidad de la isla de los manglares. Turistas temporales y habitantes no nativos, hicieron su aparición atraídos por la belleza de Agua rodeando las playas de su amado archipiélago de San Bernardo. Su color azul profundo, el calor constante del resplandeciente dios Sol y la variedad de verde en su vasta vegetación enamoraron a los foráneos que llegaron de otros lugares de Colombia, el lugar donde surgió la unión de 

 

DATOS (3)_edited_edited.jpg
DATOS (3)_edited.jpg

Agua y su amado San Bernardo, y a extranjeros provenientes de lugares conocidos con los nombres de Estados Unidos, Alemania, entre otros.

Visitantes y pobladores hicieron de su isla un paraíso. A pesar de las carencias, los temores y dificultades propias del lugar, la imaginación y el amor de quienes allí se asentaron, hicieron que lo que en algún momento pudieron considerar un límite, fuera su mayor ventaja. Pesca, deportes acuáticos como buceo, careteo, kayak, paseos en bote entre el archipiélago; visitar el plancton, avistamiento de aves y turismo, han hecho de Tintipán el lugar mágico que, a través de la naturaleza, ha descubierto una forma de vida única.

La unión entre una diosa, aquella que surgió de la nada misma y el rincón soleado al norte de la geografía colombiana llamado archipiélago de San Bernardo, dio lugar a la isla Tintipán, la isla de los manglares. La importancia de Agua reina hasta hoy en día en medio de sus pobladores como un elemento esencial en la vida humana y hace que quienes viven allí no quieran marcharse y quienes llegan, para siempre se quieran quedar.

bottom of page