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M U J E R E S
NAVEGANTES
Cebolla blanca, la cantidad es a criterio del cocinero. Ají, pimentón. Perejil o cilantro, cualquiera de los dos o los dos. -Pero acuérdate que el cilantro da mucho sabor- Se sofríen todos los ingredientes en mantequilla. Cuando la cebolla esté clarita, se agrega vino blanco. Al evaporarse, se agrega igual cantidad de leche y a su vez crema de leche. Queso rallado o parmesano que da espesor.
"Con esto gratinas lo que tú quieras, mariscos o carnes blancas. Le agregas una capa de esa salsa y listo, al horno"
Entre aromas y sabores. Entre visitantes colombianos y extranjeros. Entre la brisa del mar y el vapor de los platos preparados en la cocina de Casa Tinti, se mueven las manos mágicas y laboriosas de Osiris y Claudia.
Todos los días van de una isla a la otra. 10 minutos de trayecto en lancha desde su lugar de residencia: Santa Cruz del Islote, la isla artificial más densamente poblada del mundo; hacia su lugar de trabajo: Tintipán, la isla más grande del archipiélago de San Bernardo y curiosamente, la menos poblada.
La pandemia llegó con el pan debajo del brazo para Osiris y Claudia. A raíz de esta, en diciembre del año 2020 quedó vacante el puesto de cocinera en Casa Tinti, un hotel boutique de Tintipán. Osiris, haciendo honor a su nombre mitológico de origen egipcio, se convirtió en la cocinera principal del hotel. Una reina del arte culinario. Después trajo consigo a su ayudante, otra cocinera del Islote con quien se conocen desde niñas, Claudia.
Para ambas es su primer trabajo en Tintipán. Sus saberes culinarios son herencia. La madre de Osiris trabajó durante 17 años como ayudante de un chef. Y Claudia... entre risas dice “Yo he aprendido con Osiris”.
Y no solo los saberes culinarios se transmitieron de generación en generación. Osiris relata que su abuela siempre le contó que a Santa Cruz del Islote llegaron unos pescadores, encontraron el terreno y se ampararon ahí. Empezaron a construir, a hacerlo crecer. Y así creció.
El Islote es muy pequeño, tiene aproximadamente una hectárea de extensión y habitan alrededor de 1.200 habitantes. Mientras tanto, Tintipán cuenta con 2,3 km2 y su población es muchísimo menor. Sin embargo, las cocineras no se sienten extrañas. Se sienten en casa.
-Tintipán es igual de nosotros, esto es nuestro- menciona Osiris con orgullo. -A Tintipán lo hace la gente del Islote.
Paradójicamente, Osiris y Claudia piensan igual que los turistas al momento de llegar a Tintipán. Se olvidan de sus problemas, todo les parece chévere. La tranquilidad y la conexión con la isla, se vuelve parte esencial de su vida.
-Es que esto aquí debería llamarse “Desconéctate del mundo”- aseguran.
A pesar del paraíso que suele ser para ellas como habitantes del archipiélago, así como lo es para visitantes que provienen de diferentes partes del mundo, Tintipán debería ser mostrado con sus pros y sus contras, según las dos mujeres.
Al mencionarles que está en curso la creación de una página web que dé a conocer la belleza de la isla, su gente, sus historias de vida, invitando a un turismo sostenible y amigable con el medio ambiente, Osiris y Claudia son enfáticas en aclarar lo que debería ser incluido allí. Y no dudan en hacerlo con la firmeza que caracteriza a la mujer de la costa caribe colombiana.
-En la isla carecemos de muchas cosas, que también deberían ser mostradas. Me gustaría encontrar en la página web lo bueno, lo regular y lo malo, así como las opciones que tenemos para mejorar lo malo- menciona Osiris.
Hay que desmentir rumores entre turistas extranjeros. Rumores que llegan a oídos de los habitantes de estas islas, como las dos cocineras. - “¡Ay que ¿por qué son todos negros?”, “Duermen uno encima de otro”- Todo es mentira. Son solo rumores y malos comentarios que, según ellas, deben ser desmentidos y aclarados.
Mariscos, pescado y el típico arroz de coco - ¡Bendito sea! - son los manjares más comunes en Tintipán, preparados por las manos de las cocineras provenientes de Santa Cruz del Islote. El plato de bienvenida a los turistas es la sopa de pescado.
Sin duda alguna imprimen en su gastronomía, su relación intrínseca con el agua que las rodea, con el mar que les da la materia prima para su arte. Sin duda alguna Osiris y Claudia, las mujeres navegantes, tienen esa mezcla especial entre la sal del mar y la sal de su cocina. Son personas como ellas quienes hacen parte del tesoro que hace grande al archipiélago de San Bernardo y en este caso a Tintipán. El tesoro invaluable llamado gente.
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